jueves, 29 de enero de 2009

La Pérdida de la Piel

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En las culturas cazadoras, el pellejo equivale al alimento por tratarse del producto más importante para la supervivencia. Se utiliza para hacer botas, forrar parkas, impermeabilizar las prendas y evitar que el hielo entre en contacto con la cara y las muñecas. El pellejo mantiene secos y a salvo a los niños pequeños, protege y calienta los vulnerables vientres, espaldas, pies, manos y cabeza de los seres humanos. Perder el pellejo es proteger la protección, el calor, el precoz sistema de alarma, la vista instintiva. Psicológicamente, estar sin pellejo induce a una mujer a hacer lo que cree que debe hacer y no ya lo que sinceramente desea. La induce a seguir cualquier cosa o a cualquier persona que le parezca la más fuerte, tanto si le conviene como si no. Entonces salta mucho y mira poco. Se muestra graciosa en lugar de incisiva, rechaza y aplaza las cosas entre risas. Se abstiene de dar el siguiente paso, de hacer el necesario descenso y de permanecer allí abajo el tiempo suiciente como para que ocurra algo.
Vemos por tanto, que en un mundo que valora a las mujeres acosadas que se entregan a incesantes actividades, el robo de la piel del alma es muy fácil, hasta el punto de que el primer robo suele producirse entre las edades de siete y dieciocho años.
Para entonces casi todas las jóvenes ya han empezado a bailar en la roca del mar. Para entonces casi todas ellas habrán buscado la piel del alma pero no la gabrán encontrado donde la dejaron. Y aunque en un principio tal cosa esté aparentemente destinada a favorecer el desarrollo de una estructura medial de psique -es decir, la capacidad de aprender a vivir en el mundo espiritual y también en la realidad exterior-, demadiado a menudo semejante finalidad no se cumple y tampoco se cumple el resto de la experiencia de la iniciación, por lo que la mujer vaga por la videa sin piel.
Aunque hayamos intentado impedir el robo cosiendo prácticamente nuestra persona a la piel de nuestra alma, muy pocas mujeres alcanzan la mayoría de edad con algo más de unos pocos mechones del pellejo original intactos. Apartamos a un lado nuestros pellejos mientras danzamos. Aprendemos a conocer el mundo pero perdemos la piel. Descubrimos que sin la piel empezamos a marchitarnos lentamente. Puesto que casi todas las mujeres han sido educadas de tal forma que pueden soportar estoicamente estas cosas tal como hicieron sus madres, nadie se percata de que se está produciendo una muerte hasta que u día...
Cuando somos jóvenes y nuestra vida espiritual choca con los deseos y las exigencias de la cultura y del mundo, nos sentimos realmente encalladas muy lejos de nuestro hogar. Pero de mayores nos seguimos apartando cada vez más de nuestro hogar como consecuencia de nuestras decisiones acerca del quién, qué, dónde y durante cuánto tiempo. Su jamás nos han enseñado a regresar al hogar espiritual, repetimos hasta el infinito el <>. Sin embargo, aunque nuestras decisiones erróneas hayan sido la causa de nuestro extravío -en un lugar demasiado alejado de aquello que necesitamos-, no hay que perder la esperanza, pues el interior del alma contiene un indicador automático de ruta. Todas podemos encontrar el camino de regreso.
...


Fragmento del Capítulo 9, La vuelta a casa: El regreso a sí misma, del libro Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés. (pág. 290/291)

No me canso de recomendar este libro a todas y cada una de las mujeres que se cruza en mi camino...
Les copio la contratapa:

Dentro de toda mujer, incluso de la más reprimida, alienta una vida secreta, una fuerza poderosa llena de buenos instintos, creatividad apasionada y sabidur´`ia eterna. Es la Mujer Salvaje, una especie en peligro de extinción que representa la esencia femenina instintiva. Aunque los regalos de la naturaleza le pertencen desde el nacimiento, los constantes esfuerzos de la sociedad por <> a las mujeres y constreñirlas a unos roles rígidos las han dejado sordas a los dones que albergan en su interior.
En Mujeres que corren con los lobos, la doctora Pinkola Estés revela mitos interculturales, cuentos de hadas e historias (muchas de ellas relativas a su propia familia) para ayudar a las mujeres a recuperar su fuerza y su salud, atributos visionarios de esta esencia instintiva.
Mediante los relatos y los comentarios examinamos el amor, comprendemois a la Mujer Salvaje y nuestra psique más profunda la abraza íntimamente, como a alguien que contiene medicina y magia. Estés ha creado una psicología femenina en su sentido más verdadero: el que lleva al conocimiento del alma.
«Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse ni cambiarlo todo. No significa perder las relaciones propias de la vida en sociedad o convertirse en un ser menos humano... Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el cuerpo con certeza y orgullo, cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas».

Clarissa Pinkola Estés

3 comentarios:

Monica dijo...

SENCILLAMENTE HERMOSO...
REGALE ESTE LIBRO HACE MUY POCO Y NO PARO DE DECIRME PORQUE NO COMPRE DOS ...
TE MANDO UN BESO GRANDE, ANDO UN POCO DESCONECTADA PORQUE TENGO A MI NIÑITA ENFERMUCHA ( Y SI, SALGO DE UNA Y ME METO EN OTRA ...MALA PATA )
MONICA

Françoise dijo...

Ay Turca, se me puso la piel de gallina!! Que palabras tan conmoverdoras... me resuenan en mi cabeza... me hacen palpitar... me asustan tambien... y como no, si enfrentarse a verdades tan ciertas no es pan de cada dia...
Vamos a ver si consigo el libro, me caeria de perlas en esta epoca... ando un poco desubicada1
Un abrazo bien grande!!

Ximena Ianantuoni dijo...

¡¡buenísimas citas Turca, cómo me gusta ese libro!!
te mando un beso fuerte